Cómo construir una trama que no se desinfla a mitad

· Roberto Sirolo · 4 min de lectura

Hay una diferencia entre "y luego" y "y por eso" que vale más que cualquier técnica de plotting. Una trama en la que los eventos se suceden por "y luego" —pasa esto, y luego pasa esto otro, y luego pasa esto otro más— aguanta mientras el lector tenga paciencia, y la paciencia siempre se acaba antes que el libro. Una trama en la que cada evento es consecuencia del anterior —pasa esto, y por eso el personaje se ve obligado a hacer esto otro— se lee sola, porque cada página genera la necesidad de la siguiente.

Causa y efecto, no secuencia

La prueba es sencilla: toma el esquema de tu novela e intenta conectar cada escena con la siguiente usando "y por eso" en vez de "y luego". Donde el enlace aguanta, la trama es sólida. Donde solo aguanta con "y luego", has encontrado el punto donde el lector empieza a hojear.

Esto no significa que cada escena deba ser espectacular. Significa que debe ser necesaria: debe cambiar algo que haga inevitable la escena siguiente, no simplemente posible. Un personaje que descubre un secreto en un capítulo y no lo usa ni lo sufre en los siguientes no ha hecho avanzar la trama: solo ha llenado una página.

El objetivo demasiado vago es la causa más común

Cuando una trama se desinfla hacia la mitad, el sospechoso número uno es el objetivo del protagonista. "Quiere ser feliz" o "quiere encontrar su lugar en el mundo" son deseos reales pero demasiado amplios para generar obstáculos específicos: casi cualquier cosa puede parecer un paso hacia ellos, así que nada es realmente un obstáculo.

Un objetivo que genera trama es concreto y tiene un plazo o un coste. No "quiere ser un buen abogado" sino "debe ganar este caso antes del viernes o pierde el bufete que heredó de su padre". Con un objetivo así, cada escena puede evaluarse con una pregunta simple: ¿esto lo acerca o lo aleja del viernes? Si la respuesta es "ni una cosa ni la otra", la escena no sirve a la trama principal, por bien escrita que esté.

Las subtramas deben cruzarse con la principal

La segunda causa más común de trama que se desmorona es la subtrama paralela: una historia de amor, un conflicto familiar, un secreto del pasado que corre junto a la trama principal sin tocarla nunca. El lector la percibe como una interrupción —"volvamos a la historia de verdad"— en vez de como parte de la misma historia.

Una subtrama funciona cuando, tarde o temprano, presiona a la trama principal o se ve presionada por ella. Si el protagonista debe elegir entre salvar la relación y ganar el caso del viernes, la subtrama sentimental ya no corre paralela: se ha convertido en un obstáculo dentro de la trama principal. Si una subtrama de tu novela no consigue cruzarse con la principal en ningún punto, la pregunta honesta que hay que hacerse es si debe existir.

El midpoint: el punto donde sube la apuesta

En la mayoría de las estructuras narrativas —tres actos, viaje del héroe o siete puntos— el centro exacto del libro no es un punto muerto por casualidad: es donde la mayoría de las tramas pierde impulso, porque es el punto más alejado de ambos impulsos, el inicial y el que empuja hacia el final.

El modo más fiable de no desinflarse ahí es hacer que suceda algo que cambie las reglas del juego: una información que da la vuelta a lo que el protagonista creía cierto, un fracaso que sube el coste de la derrota, un plazo que se acorta. No tiene que ser el giro más grande del libro —ese es mejor guardarlo para después— pero debe hacer que la segunda mitad sea distinta de la primera, no una repetición con la apuesta más alta de palabra pero no de hecho.

Preguntas frecuentes

¿Cuántos giros hacen falta para sostener una trama?

Ningún número fijo, y en cualquier caso menos de lo que parece: un giro que no nace de una relación causa-efecto con lo que el lector ya sabe no sorprende, confunde. Es más eficaz un solo vuelco bien preparado —con pistas sembradas antes, aunque sean mínimas— que tres sin conexión entre sí. La trama se sostiene sobre la cadena causal, los giros son los puntos donde esa cadena cambia de dirección de un modo que el lector no había previsto pero puede reconstruir hacia atrás.

¿Cómo sé si una escena hace avanzar la trama o es solo relleno?

Prueba a quitarla y a leer seguidos el capítulo anterior y el siguiente. Si la historia funciona igual, la escena no aportaba información ni consecuencias necesarias: solo ocupaba espacio, por agradable que fuera de leer. Una escena que hace avanzar la trama deja un vacío al quitarla: algo que el lector sabía antes y ya no sabe, o un cambio que era necesario para hacer creíble la escena siguiente.

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