Describir el aspecto físico de un personaje

· Roberto Sirolo · 3 min de lectura

"Era alta, con el pelo castaño hasta los hombros y los ojos verdes." Frases así están por todas partes en los primeros borradores, y tienen un defecto preciso: diez páginas después, ningún lector recuerda de qué color eran los ojos. La lista informa, pero no hace ver. Describir el aspecto de un personaje es un trabajo de elección, no de exhaustividad.

Por qué la lista no funciona

El lector no construye una imagen sumando datos. Lee "pelo castaño, ojos verdes, un metro setenta" y registra información genérica, que corresponde a millones de personas. La imagen nace, en cambio, de un detalle específico que distingue a esta persona de todas las demás.

Pocos rasgos, bien elegidos

Dos o tres elementos bastan, siempre que sean distintivos:

  • una cicatriz en la ceja que se mueve cuando habla;
  • unas manos demasiado grandes para el resto del cuerpo;
  • un abrigo dos tallas más grande, siempre el mismo;
  • la forma de sentarse en el borde de la silla, lista para levantarse.

El lector completa el resto por su cuenta, y la imagen que construye es más viva que cualquier descripción completa.

Rasgos que cuentan

Los detalles más eficaces dicen algo del personaje, además de su aspecto. Unas uñas mordidas hasta la carne hablan de ansiedad. Unos zapatos caros pero gastados hablan de un pasado mejor. Un traje planchado a la perfección en un día de calor habla de control.

Cuando elijas un rasgo, pregúntate: ¿qué revela de esta persona?

En movimiento, no en pose

El personaje descrito como en una foto de carné parece inmóvil. El mismo rasgo, mostrado mientras hace algo, cobra vida:

Se subió las gafas con el dorso de la mano, un gesto que debía de repetir desde hacía treinta años.

El gesto describe el aspecto y, a la vez, la costumbre y la edad.

La mirada de quien observa

En una novela, el aspecto de un personaje pasa siempre por los ojos de alguien. Y quien mira se fija en cosas distintas: un sastre mira la ropa, una madre mira si su hijo ha comido, un policía mira las manos. Usar la mirada del personaje que tiene el punto de vista hace natural la descripción y revela también a quien observa.

Por la misma razón, el personaje que tiene el punto de vista rara vez se describe a sí mismo. El recurso del espejo está tan extendido que se ha convertido en un cliché.

Cuándo describir

La primera aparición es el momento natural para dar los rasgos principales: el lector se forma pronto una imagen, y cambiarla después resulta molesto. Si a mitad de libro descubres que el personaje tiene una barba poblada, el lector que lo imaginaba afeitado se siente traicionado. Luego, en los capítulos siguientes, basta con recordar de vez en cuando el rasgo distintivo para mantenerlo vivo.

Preguntas frecuentes

¿Siempre hay que describir el aspecto de los personajes?

No. Algunos autores lo hacen muy poco y lo dejan casi todo al lector. Conviene describirlo cuando importa para la historia o para entender al personaje, y cuando el lector podría imaginarlo de un modo que choque con lo que pasa después.

¿Cómo mantengo coherentes los detalles físicos en una novela larga?

Anotándolos en cuanto los escribes: color de ojos, cicatrices, estatura, edad. Es el tipo de detalle que se olvida durante el borrador y que los lectores atentos notan enseguida.

¿Cómo describo a un personaje muy atractivo sin clichés?

Mostrando el efecto que causa en los demás más que enumerando sus cualidades: la gente que se vuelve a mirarlo, quien se vuelve torpe al hablarle. La belleza contada a través de las reacciones es más creíble que la declarada.

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