Escribir cuando no tienes tiempo

· Roberto Sirolo · 3 min de lectura

"No tengo tiempo para escribir" es cierto para casi todos, y para casi todos es menos definitivo de lo que suena. El problema rara vez es tener cero minutos: es tener minutos fragmentados, dispersos, imprevisibles, y creer que con esos no se puede hacer un trabajo serio. Se puede, con un método distinto del de quien tiene medias jornadas libres.

El mito del bloque largo

Está la idea de que para escribir hace falta un bloque de dos o tres horas ininterrumpidas: silencio, escritorio despejado, cabeza libre. Para algunos es cierto, pero esperar esas condiciones cuando la vida no las ofrece significa no escribir nunca. Muchas novelas publicadas se escribieron a ratos: antes de que la casa se despierte, en la pausa del almuerzo, en el tren.

La sesión larga es cómoda, no necesaria. El libro no sabe cuánto duró la sentada en que se escribió un párrafo.

Los huecos de quince minutos

Quince minutos bastan para un párrafo, a veces para una página, si llegas sabiendo ya qué escribir. La clave es la fricción de entrada: si abrir el archivo, reencontrar el punto y volver a entrar en la escena cuesta cinco minutos, de quince te quedan diez. Si cuesta cero, tienes quince completos.

Cuentan más los huecos regulares que los largos: tres sesiones de quince minutos en un día, repetidas, construyen un libro.

Pensar la escena en los tiempos muertos

La parte lenta de la escritura es decidir qué pasa y cómo; la transcripción es rápida. Si usas los tiempos muertos — el trayecto, la cola de la caja, los platos — para pensar la escena siguiente (quién hay, qué quiere, cómo acaba), llegas a los quince minutos ante el teclado con el trabajo ya hecho. El tiempo ante el teclado se vuelve solo tecleo.

Muchos escritores con poco tiempo escriben más en la cabeza que en la pantalla, y está bien así.

Escribir desde el móvil, dictar caminando

Si el tiempo lo tienes solo lejos del escritorio, el texto tiene que poder seguirte. NovLore funciona desde el móvil con la misma barra de navegación y el mismo editor, autoguarda y reabre en el punto donde estabas: un hueco de quince minutos en una sala de espera es una sesión de verdad. Y el dictado por voz (gratuito, lo hace el navegador) permite capturar una escena mientras caminas, para pulirla después: la idea no se pierde por no estar sentado.

Aceptar un calendario más lento

Con huecos de quince o veinte minutos una novela requiere más meses que con sesiones largas. Es el compromiso que hay que aceptar: no "escribo un libro en un año como quien tiene tiempo completo", sino "lo escribo en dos, y lo termino". Un libro terminado en dos años gana a un libro no empezado porque se esperaba el año sabático.

Proteger el poco tiempo que tienes

Cuando el tiempo es poco, hay que defenderlo más que si fuera mucho. Los huecos de escritura se pierden fácilmente en notificaciones, "solo un momento de redes", un correo rápido. Vale la pena tratarlos como citas: esos quince minutos son para el libro y para nada más, y todo lo demás puede esperar quince minutos.

Preguntas frecuentes

¿Cuánto se puede escribir de verdad en quince minutos?

Con la escena ya pensada, entre 150 y 300 palabras para mucha gente. Parece poco, pero 200 palabras al día durante seis días a la semana son unas 60.000 palabras en un año: una novela breve completa, escrita a ratos.

¿Es mejor una sesión larga a la semana o muchas breves?

Para la mayoría de quien tiene poco tiempo, muchas breves: mantienen la historia caliente y no exigen volver a entrar en el libro cada vez desde cero. La sesión larga semanal gasta mucho tiempo solo en reconectarse a dónde se estaba.

¿Escribir en el móvil produce texto peor?

Produce texto más crudo, a menudo más breve, pero no peor en sustancia: las ideas y las escenas son las mismas. El pulido se hace después, en el escritorio o en un hueco dedicado a la revisión. Mejor una escena cruda capturada que una escena perfecta nunca escrita.

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