Escribir para niños sin hablarles como a tontos

· Roberto Sirolo · 3 min de lectura

Los lectores jóvenes reconocen con gran rapidez cuándo un autor los trata con condescendencia, aunque no sepan definir exactamente qué les molesta. La diferencia entre un libro que funciona y uno que no, en esta franja, suele estar en el respeto, no en la dificultad.

Explicar de más es peor que explicar de menos

Un error habitual es añadir explicaciones innecesarias después de una acción o un diálogo, por miedo a que el lector no entienda. Si un personaje da un portazo y el autor añade "estaba enfadado", le está diciendo al lector algo que la acción ya había comunicado por sí sola. Los lectores, incluso los jóvenes, captan el subtexto más a menudo de lo que los autores esperan: subestimarlos sistemáticamente es una forma de condescendencia.

Las consecuencias reales no hay que suavizarlas a toda costa

Un libro infantil que resuelve cada dificultad sin ningún coste real, sin pérdidas, sin errores que dejen huella, sin consecuencias que duren, le comunica al lector que sus problemas reales, que a menudo tienen consecuencias reales, no se toman en serio en el libro. Esto no significa que todo libro tenga que acabar mal: significa que las consecuencias, cuando las hay, deben tener un peso real en la historia.

El vocabulario se adapta a la edad, la complejidad del pensamiento no

Hay una diferencia importante entre simplificar el vocabulario, algo razonable y necesario según la franja de edad, y simplificar la complejidad moral o emocional de la historia. Un libro middle grade puede usar palabras comunes para contar un dilema ético complejo; un vocabulario más sencillo no exige necesariamente pensamientos más sencillos.

Dirigirse al lector en vez de al personaje rompe la inmersión

Otra señal de condescendencia es cuando la voz narrativa parece dirigirse directamente al lector para tranquilizarlo o guiarlo, en vez de quedarse dentro de la experiencia del personaje. Frases como "como ya habrás entendido" o comentarios que salen de la historia para explicar una moraleja rompen la ilusión narrativa de un modo que los lectores jóvenes perciben tanto como los adultos, quizá más.

El humor funciona mejor que la simplificación

Muchos autores, temiendo resultar demasiado difíciles, acaban resultando planos. El humor, que los lectores jóvenes aprecian tanto o más que los adultos, suele ser una herramienta más eficaz que la simplificación para hacer un libro accesible sin bajar su nivel: hace que el lector trabaje para captar el chiste, en vez de dárselo todo masticado.

Preguntas frecuentes

¿Cómo sé si estoy hablándole a mis lectores como a tontos sin darme cuenta?

Hacer que lea el manuscrito gente real de la franja de edad objetivo, no solo adultos, es el modo más fiable: los chicos notan la condescendencia más rápido que los lectores adultos, que tienden a proyectar sus propias expectativas sobre lo que "debería" funcionar.

¿Se pueden tratar temas como la muerte o la violencia en un libro middle grade?

Sí, y es habitual hacerlo: la diferencia respecto al young adult está más en la perspectiva y la resolución que en el tema en sí. Muchos libros middle grade clásicos abordan temas muy serios con un lenguaje accesible y un final que devuelve una sensación de seguridad.

¿Cuánto importa la opinión de un editor especializado en literatura infantil y juvenil?

Importa mucho, porque esta franja de edad tiene convenciones específicas que un editor experimentado reconoce enseguida, tanto en los excesos de simplificación como en los de complejidad fuera de lugar para la edad declarada.

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NovLore es el estudio de escritura donde la estructura y el texto de una obra larga, ya sea una novela o un libro infantil, viven en el mismo sitio.