Flashbacks: cómo usarlos sin romper el ritmo

· Roberto Sirolo · 3 min de lectura

El flashback es una de las herramientas más usadas y más desperdiciadas de la narrativa. Desperdiciada porque casi siempre se coloca donde le conviene al escritor —que necesita explicar un antecedente— y no donde le conviene al lector, que está siguiendo una escena y no ha pedido que la interrumpan.

El flashback cuesta: se paga en tensión

En el momento en que la narración vuelve atrás, el presente de la historia se detiene. Lo que estuviera en juego en la escena en curso queda en pausa, y el lector lo nota. Ese coste solo vale la pena pagarlo cuando el regreso entrega algo: una información sin la cual la escena siguiente se leería mal.

La pregunta que hay que hacerse no es «¿el lector necesita saber esto?», sino «¿el lector necesita saberlo ahora, antes de seguir?». Si la respuesta es no, el flashback puede esperar, o puede no hacer falta.

Colocarlo cuando el lector ya tiene la pregunta

Un flashback funciona cuando llega como respuesta a una curiosidad que el lector ya tiene. Si un personaje reacciona a una puerta cerrada con un pánico desproporcionado, el lector se pregunta por qué: ese es el momento en que un breve regreso al pasado se acoge, no se sufre.

Lo contrario —el flashback que llega antes de que exista la pregunta— obliga al lector a almacenar información que aún no sabe para qué sirve. Casi siempre la olvida antes de que se vuelva relevante.

Entrar y salir sin hacer perder el sitio

El paso al pasado y el regreso al presente son los dos puntos en que el lector corre el riesgo de perderse. Hace falta una señal clara a la entrada —un cambio de tiempo verbal, un detalle sensorial que engancha el recuerdo— y una señal igual de clara a la salida, que devuelva a la escena exacta de la que se partió, no a un vago «volvió al presente».

Un flashback largo debería tener su propia microestructura: un principio, una pequeña tensión, un cierre. Un bloque de recuerdos sin forma es la parte que los lectores se saltan.

Cuándo basta con una línea de presente

A menudo lo que parece exigir un flashback se resuelve con una frase encajada en el presente: un pensamiento del personaje, una réplica de diálogo, un objeto que arrastra una historia. «No pisaba una iglesia desde el funeral de su padre» hace el trabajo de dos páginas de recuerdo, sin detener nada.

Reserva el flashback propiamente dicho para los casos en que el pasado es en sí mismo una escena —con conflicto, con algo en juego— y no solo una información que entregar.

Preguntas frecuentes

¿Mejor un flashback largo o varios cortos?

Depende de lo que contenga el pasado. Si es una única escena decisiva, un flashback largo y bien construido se sostiene. Si son varias informaciones dispersas, conviene repartirlas en apuntes breves a lo largo del presente, cada uno colocado donde se vuelve relevante.

¿Cómo señalo el salto temporal sin recargarlo?

Un cambio de tiempo verbal en la primera frase y un detalle concreto que ancla el recuerdo bastan casi siempre. Las fórmulas explícitas («cinco años antes») funcionan para saltos amplios, pero usadas en cada flashback se vuelven mecánicas.

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