Personajes moralmente grises: ni buenos ni malos

· Roberto Sirolo · 3 min de lectura

El héroe sin mancha y el villano sin motivos se han vuelto difíciles de creer. Los personajes que se quedan con nosotros suelen ser los que nos incomodan: el policía que se salta las normas para salvar a una víctima, la madre que miente para proteger a un hijo culpable, el traidor que traiciona por lealtad a otra persona. Son personajes moralmente grises, y funcionan porque se parecen a las personas reales.

Gris no significa con algún defecto

Darle un vicio al héroe (es huraño, bebe demasiado) no lo vuelve gris. Un personaje es moralmente ambiguo cuando sus decisiones plantean una cuestión moral real: hace algo mal por una razón que el lector entiende, o hace lo correcto con medios discutibles.

La ambigüedad está en los actos, no en el carácter.

Motivaciones comprensibles

El lector no tiene por qué aprobar a un personaje gris, pero sí debe entenderlo. Si entiende por qué actúa así, entra en un conflicto interesante: "Yo no lo habría hecho. ¿O sí?"

Las motivaciones más fuertes son las universales: proteger a alguien, sobrevivir, reparar una injusticia, la lealtad, el amor, el miedo. Cuando detrás de una decisión terrible hay uno de estos motores, el personaje deja de ser un monstruo y se vuelve humano.

Un código propio

Los personajes grises más logrados tienen un código: valores propios, quizá distintos de los comunes, y un límite que no cruzan. El ladrón que no roba a los pobres, el asesino que no toca a los niños, la política corrupta que nunca traiciona a quien le es fiel.

El código hace al personaje coherente, previsible en su imprevisibilidad. Y el momento más fuerte llega cuando la historia lo obliga a acercarse a ese límite.

Las decisiones deben costar

Un personaje gris que hace cosas discutibles sin pagar nunca el precio se convierte simplemente en un héroe con licencia. Las decisiones ambiguas deben tener consecuencias: relaciones rotas, sentimiento de culpa, confianza perdida, daño a inocentes. El coste es lo que hace real la cuestión moral, y no una pose.

No juzgues por el lector

Ni el narrador ni el autor deben decirle al lector qué pensar. Si cada acción discutible va acompañada de una explicación que la justifica, o de un comentario que la condena, la ambigüedad desaparece. Muestra las decisiones, las razones y las consecuencias, y deja el juicio al lector. Ahí es donde el personaje se queda en la cabeza incluso después del final.

¿Gris al lado de qué?

Un personaje gris destaca más si a su alrededor hay posiciones distintas: alguien más rígido, alguien menos escrupuloso. El contraste hace surgir los matices. Un reparto entero de personajes igual de ambiguos corre el riesgo de aplanarlo todo en un único gris.

Preguntas frecuentes

¿El protagonista puede ser moralmente gris?

Sí, y muchas novelas memorables se sostienen sobre protagonistas así. Hay que dar al lector un motivo para seguirlo: una motivación que entienda, un objetivo que comparta o una habilidad que fascine.

¿Cómo evito que el lector lo deteste?

Mostrando sus razones y algún momento de vulnerabilidad, sin excusarlo. El lector puede no quererlo y aun así querer saber más de él.

¿También el antagonista debería ser gris?

A menudo mejora la historia, porque un antagonista con razones comprensibles crea un conflicto más profundo. Pero un antagonista claramente malvado sigue siendo legítimo, sobre todo en algunos géneros.

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