Adverbios y adjetivos: cuándo cortarlos

· Roberto Sirolo · 3 min de lectura

"Corta los adverbios" es uno de los consejos de escritura más repetidos, y como todos los consejos reducidos a eslogan es medio verdad y medio engañoso. Adverbios y adjetivos no son enemigos: algunos son lastre, otros son exactamente la palabra que hace falta. Saber distinguirlos es más útil que eliminarlos en bloque.

El adverbio que apuntala un verbo débil

"Corrió rápidamente", "susurró bajito", "agarró con fuerza": en cada uno el adverbio intenta salvar un verbo genérico. "Corrió" ya es rápido; si hace falta más velocidad, el verbo justo es "salió disparado" o "se precipitó". "Susurró" ya es bajo. "Agarró" ya es con fuerza.

La regla práctica: cuando encuentras un adverbio pegado a un verbo, pregúntate si existe un verbo único que diga las dos cosas juntas. A menudo lo hay, y es más fuerte.

El adjetivo que repite el sustantivo

"Un grito ruidoso", "una sorpresa inesperada", "un regalo gratuito": el adjetivo no añade nada porque el sustantivo ya lo contiene. Son redundancias que el lector registra como ruido.

Distinto es el adjetivo que restringe o especifica: "un grito ahogado", "una sorpresa amarga". Ahí el adjetivo cambia la imagen, no la repite.

"Muy", "realmente", "bastante"

Los intensificadores genéricos — "muy", "realmente", "extremadamente", "bastante", "más bien" — casi siempre debilitan en vez de reforzar. "Estaba muy cansado" es más débil que "estaba cansado", porque "muy" es vago y desplaza la atención al grado en vez de al estado. Si "cansado" no basta, la solución es otra palabra — "agotado", "hecho polvo" — no un adverbio delante.

En la revisión, buscar "muy" y "realmente" con la búsqueda del texto y valorarlos uno por uno es una de las operaciones que más rinden.

Cuándo el adverbio o el adjetivo se gana el sitio

Un adverbio vale su espacio cuando es sorprendente o cambia el sentido del verbo: "rió, brevemente" dice algo que "rió" solo no dice. "Cerró la puerta, con delicadeza" en un momento de rabia crea un contraste buscado.

Un adjetivo vale su espacio cuando es específico y concreto: no "una casa vieja" sino "una casa con las contraventanas descascaradas". La regla no es "menos adjetivos", es "adjetivos que trabajan".

No es una caza de brujas

Algunos escritores, tras oír el consejo, quitan cada adverbio y cada adjetivo y obtienen una prosa esquelética, toda verbos y sustantivos, que suena tan artificial como la sobrecargada. El objetivo no es el cero: es que cada palabra de más esté ahí por un motivo.

La prueba final es la lectura en voz alta: si una frase suena desnuda y desgarbada, quizá has cortado una palabra que hacía falta.

Hacer la pasada en la revisión

Esta limpieza se hace mal mientras se escribe — frena y bloquea — y bien en una pasada dedicada, después de terminar el capítulo. Se lee buscando adverbios y adjetivos, no la historia. En NovLore el historial de versiones congela el capítulo antes de la intervención, así puedes aligerar una escena a fondo y luego compararla con la versión anterior, para verificar que no la has vuelto árida.

Preguntas frecuentes

¿Debo eliminar todos los adverbios en "-mente"?

No. Muchos son lastre, pero algunos son la palabra más económica para una información real ("habló lentamente" cuando la lentitud es buscada y no hay un verbo que la contenga). La regla es valorarlos, no desterrarlos.

¿Los adjetivos en los diálogos siguen las mismas reglas?

En parte. En los diálogos los personajes pueden hablar de manera redundante o enfática, porque es caracterización. El apretón sobre los adjetivos afecta sobre todo a la voz del narrador, donde cada palabra de más pesa más.

¿Cuántos adjetivos por sustantivo son demasiados?

Dos adjetivos acumulados delante de un sustantivo ("una vieja gran casa") suelen ser uno de más, y a menudo el ritmo mejora partiéndolos o eligiendo uno. Tres son casi siempre demasiados. Pero no es una ley: cuenta el efecto, no el recuento.

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