El bloqueo del escritor: qué hacer de verdad

· Roberto Sirolo · 4 min de lectura

"Bloqueo del escritor" es una etiqueta cómoda que esconde causas muy distintas entre sí. Tratarlas todas del mismo modo —esperando a que vuelva la inspiración— funciona rara vez, porque la inspiración casi nunca es el problema real. El primer paso útil no es forzarse a escribir más, es entender cuál de los distintos bloqueos se está enfrentando.

El bloqueo casi nunca es un problema de inspiración

Quien escribe por oficio, con plazos, no espera la inspiración: se sienta y escribe, incluso los días en que el resultado es mediocre, porque sabe que la escritura mediocre se corrige y la página en blanco no. La idea de que hace falta estar inspirado para escribir bien es cierta solo en parte, y tratarla como condición necesaria convierte cada jornada "mala" en una prueba de que algo va mal, en vez de en una variación normal en la calidad del trabajo.

El bloqueo que dura horas o días es a menudo justo esto: la espera de una condición que no llegará, mientras la solución real era escribir de todos modos, aceptando que lo que sale hoy pueda no ser lo que quede en la versión final.

Cuando el bloqueo nace de una estructura que ya no aguanta

Existe sin embargo un bloqueo distinto, más específico: no una incapacidad general para escribir, sino la incapacidad de escribir esa escena, ese capítulo, mientras el resto del libro avanza con normalidad. Este tipo de bloqueo casi nunca es un problema de prosa: es un problema de trama que se manifiesta como dificultad para escribir, porque una parte de ti ya sabe, aunque no lo formule explícitamente, que esa escena no tiene una razón sólida para existir tal como está planeada.

La prueba práctica es preguntarse qué tiene que suceder en esa escena para que la escena siguiente tenga sentido. Si la respuesta no está clara, el bloqueo no se resuelve escribiendo más: se resuelve volviendo a la estructura y aclarando qué debe conseguir realmente esa escena antes de volver a escribirla.

Escribir mal a propósito para desbloquearse

Una técnica práctica, poco elegante pero eficaz: darse permiso explícito para escribir la escena mal. No "intentarlo lo mejor posible y esperar que salga bien" —directamente escribirla deliberadamente por debajo del estándar, sabiendo que se reescribirá, con el único objetivo de saber qué sucede.

Funciona porque elimina la presión que genera el bloqueo en muchos casos: no la dificultad de la escena en sí, sino la expectativa de escribirla bien a la primera. Un primer borrador pensado explícitamente como descarte que corregir después es casi siempre más fácil de producir que uno que ya debe ser el bueno.

El problema del capítulo perfecto que nunca llega

Un bloqueo muy común, sobre todo en quien relee y corrige mientras escribe, es la búsqueda de la frase perfecta antes de pasar a la siguiente. El resultado es un primer capítulo pulidísimo y una novela que no avanza, porque cada línea nueva se juzga contra un estándar que sube a medida que se relee lo ya escrito.

Separar la fase de generación de la de corrección —escribir hacia adelante sin volver atrás, y reservar la revisión para un paso posterior, cuando el capítulo entero o el acto entero está sobre el papel— rompe este ciclo. Tener un historial de versiones fiable ayuda precisamente aquí: saber que siempre se puede volver a una versión anterior hace más fácil escribir hacia adelante sin miedo a perder algo bueno por el camino.

Las pausas programadas frente a las pausas sufridas

Hay una diferencia importante entre una pausa elegida —has terminado un acto, decides conscientemente dejar reposar el libro una semana antes de afrontar la parte siguiente— y una pausa sufrida, en la que simplemente ya no consigues avanzar y no sabes cuánto durará. La primera es una parte normal y a menudo útil del proceso de escribir una novela larga; la segunda es la que suele llamarse bloqueo, y casi siempre es un síntoma de alguno de los problemas anteriores, no una condición en sí misma.

Distinguir las dos ayuda a no tratar cada pausa como una alarma: si acabas de cerrar una parte importante del libro y sientes la necesidad de alejarte unos días, no es un bloqueo que resolver, es el ritmo natural de un trabajo largo.

Preguntas frecuentes

¿Hay que escribir todos los días para no bloquearse?

No: la constancia ayuda a mantener el contacto con la historia, pero no es una condición necesaria. Muchas novelas se escriben con ritmos irregulares, en semanas alternas o en sesiones concentradas los fines de semana, sin que eso produzca más bloqueos que una escritura diaria. Lo que ayuda de verdad no es la frecuencia en sí, sino saber siempre, al sentarse a escribir, qué tiene que suceder en la escena que se va a afrontar.

¿Es normal abandonar una novela y retomarla meses después?

Sí, y es mucho más común de lo que se piensa. El riesgo real no es la pausa larga en sí, sino perder el hilo de detalles y coherencia acumulados hasta ese punto —nombres, edades, sucesos ya ocurridos— que sin un lugar donde guardarlos vuelven a la memoria de forma incompleta. Es el motivo por el que una ficha de personajes y una cronología de eventos actualizadas cuentan más que la disciplina diaria, para quien escribe de forma intermitente.

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