Los errores más comunes al escribir tu primera novela

· Roberto Sirolo · 4 min de lectura

Todo escritor principiante cree que sus errores son suyos, personales, la marca de un talento aún por madurar. En realidad, la mayoría de los problemas de una primera novela son sorprendentemente previsibles: se repiten casi idénticos de manuscrito en manuscrito, porque nacen de los mismos dos impulsos —las ganas de hacerlo entender todo enseguida, y el miedo a seguir adelante antes de que cada página esté perfecta—. Reconocerlos pronto no le quita nada al talento: solo ahorra meses de reescrituras evitables.

Explicar el mundo en vez de dejarlo vivir

El primer instinto de quien escribe una novela con algo de ambientación —histórica, fantástica, incluso solo un oficio poco conocido— es explicar todo lo que el lector debe saber antes de que la historia empiece de verdad: páginas de contexto, reglas del mundo, historia familiar del protagonista, todo antes de que pase nada. Pero el lector todavía no tiene motivos para querer saber todo esto: no conoce a los personajes, no tiene aún un motivo para sentir curiosidad.

La información que en los primeros capítulos parece indispensable casi nunca lo es: basta con lo que hace falta para entender la escena en curso, y el resto llega más tarde, cuando el lector ya tiene un motivo para quererlo saber. Es el mismo principio que mostrar en vez de contar: una regla del mundo se siente mejor cuando un personaje la infringe y paga las consecuencias que cuando se enumera en un párrafo aparte.

Demasiados personajes, demasiado pronto

El segundo error típico es el entusiasmo del mundo recién creado: en los primeros capítulos aparecen cinco, seis, ocho personajes con nombre y papel, a menudo en la misma escena. El lector todavía no tiene motivos para recordarlos —no sabe todavía quién importará de verdad— y el resultado es que los olvida a todos, incluido el importante.

La corrección más eficaz, casi siempre, no es cortar personajes de la trama, sino diluir su entrada: hacer aparecer solo a quien hace falta en esa escena concreta, y dejar a los demás para cuando el lector ya tenga un enganche emocional para retenerlos. Un personaje presentado con calma, en un momento en el que de verdad importa, se recuerda mucho más que uno presentado con prisa en el capítulo uno junto a otros cinco.

El prólogo que cuenta lo que el libro debería dejar descubrir

Un error específico, muy común en primeras novelas sobre todo de género fantástico o histórico, es el prólogo que resume acontecimientos pasados, profecías o trasfondo antes de que empiece la historia de verdad. La intención es comprensible —dar al lector el contexto para entenderlo todo—, pero el efecto suele ser el contrario: se le quita al libro la posibilidad de revelar esa misma información a través de la trama, que casi siempre es más interesante que un resumen.

La prueba práctica es preguntarse qué pasaría quitando el prólogo del todo. Si el libro funciona igual, probablemente ese prólogo estaba ahí para tranquilizar a quien escribe, no para servir a quien lee.

El capítulo uno pulido hasta el infinito

El último error es distinto de los demás: no tiene que ver con lo que acaba en la página, sino con el tiempo dedicado a reescribir el mismo capítulo antes de seguir adelante. Es comprensible —el capítulo uno es el que más se relee, así que siempre parece el más mejorable—, pero el coste es alto: meses dedicados a pulir una apertura que, casi con toda seguridad, volverá a cambiar cuando el resto del libro esté terminado, cuando de verdad se sepa de qué habla esa historia.

La corrección resulta casi contraintuitiva para quien empieza: terminar primero el primer borrador entero, imperfecciones incluidas, y solo después volver al capítulo uno con la historia completa delante. Es mucho más fácil escribir una buena apertura para un libro que ya existe que para uno que todavía solo existe en tu cabeza.

Preguntas frecuentes

¿Debo corregir estos errores en cuanto los noto o seguir escribiendo?

Mejor anotarlos y seguir. Parar a corregir cada vez que se nota un problema de estructura interrumpe el objetivo del primer borrador, que es distinto: llegar al final sabiendo de verdad de qué habla el libro. La corrección de verdad, la que cuenta, llega después, en la fase de edición, cuando se ve el libro entero en vez de una escena aislada.

¿Es normal que la primera novela no sea publicable tal cual?

Sí, y es la norma más que la excepción para la mayoría de quienes escriben. La primera novela sirve sobre todo para aprender a terminar un libro entero —una competencia distinta a escribir bien una sola escena— y los errores descritos aquí se reconocen mucho más rápido en la segunda novela que en la primera, precisamente porque para entonces ya los has visto una vez.

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