De la idea a la premisa: la pregunta dramática
"Quiero escribir una novela sobre una ciudad en la que nunca deja de llover." Es una imagen potente, y puede ser el comienzo de un buen libro. Pero todavía no es una historia: nadie quiere nada, y por tanto no puede pasar nada. Muchas novelas se detienen en el capítulo cinco justo aquí, cuando la idea inicial se agota y se descubre que no había una dirección.
Idea, premisa, trama: tres cosas distintas
- La idea es la semilla: una imagen, un tema, una ambientación, un "¿y si...?".
- La premisa es la historia en una frase: quién, qué quiere, qué se lo impide.
- La trama es la secuencia de sucesos que lleva de la premisa al final.
Saltarse la premisa y pasar directamente de la idea a la trama es la forma más común de perderse a mitad de camino.
Los ingredientes de la premisa
Una premisa que se sostiene contiene cuatro elementos:
- un protagonista con algo específico: no "una mujer", sino "una restauradora que ha perdido la vista de un ojo";
- un objetivo concreto, que el lector puede ver alcanzado o fallido;
- un obstáculo, una persona o una fuerza que se opone;
- lo que está en juego: qué pierde el protagonista si fracasa.
En el ejemplo de la lluvia: "En una ciudad donde nunca deja de llover, un ingeniero hidráulico descubre que la lluvia la provoca la instalación que él mismo diseñó, y debe detenerla antes de que evacuen la ciudad y su hija pierda su casa". Ahora hay una historia.
La pregunta dramática
De la premisa nace una pregunta, la que el lector lleva consigo durante todo el libro: ¿conseguirá detener la instalación? Es la pregunta dramática, y tiene tres características:
- se puede responder con sí o no, o con un desenlace claro;
- se plantea pronto, en los primeros capítulos;
- encuentra respuesta al final, y no antes.
Una novela puede tener también preguntas más profundas (¿conseguirá perdonarse? ¿qué importa más que la carrera?), y a menudo son las que se quedan. Pero la pregunta concreta es el raíl por el que avanza el lector.
Poner a prueba la premisa
Antes de empezar, pon a prueba la premisa con algunas preguntas:
- ¿El objetivo es lo bastante difícil? Si el protagonista puede alcanzarlo en una tarde, no hay novela.
- ¿El obstáculo tiene fuerza propia? Un antagonista con sus propias razones genera muchas más escenas que un simple impedimento.
- ¿Por qué precisamente este protagonista? La historia es más fuerte cuando el objetivo toca su punto débil.
- ¿Qué pasa si fracasa? Si la respuesta es "nada grave", el lector no se preocupará.
La premisa puede cambiar
Escribir la premisa no significa bloquear el libro. Durante el borrador puede ocurrir que descubras que el protagonista quiere otra cosa, o que el verdadero antagonista es otro. No pasa nada: actualiza la premisa y comprueba que el resto la sigue. Haberla escrito sirve precisamente para darte cuenta de cuándo cambia.
Preguntas frecuentes
¿Y si solo tengo una ambientación y ningún personaje?
Pregúntate quién sufriría más en ese mundo, o quién tendría más que ganar cambiándolo. El protagonista suele nacer de la tensión con la ambientación.
¿La pregunta dramática tiene que estar explícita en el texto?
No, el lector la percibe por la situación. Tiene que estar clara para ti, y el lector debe entender pronto qué está en juego, aunque nadie lo formule.
¿Una novela literaria necesita una pregunta dramática?
Sí, aunque a menudo es más interior: un personaje que debe decidir, aceptar o comprender algo. Sin una pregunta, incluso la prosa más bella tiene dificultades para hacer pasar las páginas.